La historia de Saint-Gildard

La Congregación que se reconstituye en el siglo XIX ve una afluencia de novicias. Los edificios de la antigua Visitación de Nevers habitada entonces por las hermanas de la Caridad de Nevers resultan demasiado exiguas para acoger a tantas que llegan. Hay que pensar en otro lugar.
Cuando Monseñor Dufêtre, obispo de Nevers, propone la construcción de un nuevo edificio piensa en un lugar cerca de la ciudad, una colina, antiguo lugar de culto, del que no quedaba entonces más que una iglesia ocupada por un lagar.

El origen

Hay que remontarse a la edad media para encontrar los orígenes de un santuario en lo alto de esta colina.

Se establecieron allí unos monjes y se construyó un priorato, sin duda a finales del siglo VII o al principio del VIII. La iglesia abacial fue consagrada a Saint Loup (un diácono que había convertido al Señor de la ciudad de La-Charité-sur-Loire).
Bastante pronto el nombre de Saint Gildard fue asociado al de Saint Loup.
Saint Gildard era un sacerdote cuyo comportamiento había particularmente edificado a sus parroquianos de Lurcy-le-Bourg. Después de su muerte, su cuerpo fue trasladado a la iglesia del priorato y los milagros se multiplicaron allí atrayendo una muchedumbre numerosa.
El nombre de Saint Gildard quedó para designar esta abadía situada a un kilómetro fuera de los muros de la villa sobre una meseta cubierta de viñas.
En el siglo XIX quedaba poca cosa del priorato inicial y de la iglesia, únicamente tres bovedillas de la nave y dos pórticos al sur y al oeste.

La edificación

Aquí es donde se va a edificar lo que será la casa madre de las hermanas de la Caridad de Nevers y el noviciado. En julio de 1856 fueron bendecidos los nuevos edificios, consagrada la capilla e instalada la comunidad.

10 años después, el 7 julio de 1866, Bernadette Soubirous llega a Saint Gildard para formarse en la vida religiosa ; vive allí 13 años, hasta su muerte. El noviciado permanece hasta el año 1970 aproximadamente. Entonces se toma la decisión de transformar la casa para convertirla en lugar de acogida y en centro espiritual. Los dormitorios de las postulantes y de las novicias se convierten en habitaciones destinadas a los peregrinos que vienen a recogerse al lado de Bernardita.